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Artículo

Criticar la universidad con la regla del mercado

El crítico denuncia que la universidad mide a las personas por su precio de mercado, y a renglón seguido mide los saberes por su precio de mercado. Es servir la misma cena con otro mantel.

Por Javier Carreira

8 min

Hay un género de crítica a la universidad que da mucho gusto leer. Empieza casi siempre igual. Aparece un informe, de una fundación bancaria pongamos, con un titular como "el 50 % de las carreras condena a sus graduados al paro o a empleos por debajo de su cualificación", y alguien con buen oído se encarga de desmontarlo. Y lo desmonta bien, porque el titular se lo merece. La misma cifra admite el marco contrario, "la mitad de las carreras da acceso a un empleo cualificado", y elegir el primero no es describir la realidad, es decidir cómo quieres que el lector se sienta al leerla. Hasta ahí, impecable. Quien señala que un titular no es neutral está haciendo un servicio público.

El problema llega un poco después, cuando el crítico saca su propia regla de medir y resulta ser exactamente la misma que estaba denunciando.

El salto que es todo el artículo

El argumento de fondo de esta clase de textos suele ser que la universidad se ha rendido. Que ha dejado de servir al saber, o al Estado, o a la sociedad, para servir a la empresa, que ahora produce empleados antes que ciudadanos, certificados antes que personas formadas. Es una queja legítima y, en buena parte, acertada. Pero observa lo que pasa cuando el mismo autor tiene que decidir qué carreras valen y cuáles no. Las humanidades, dice, "no sirven". ¿Y cómo lo sabe? Porque no colocan. Porque no aparecen en la mitad alta de la tabla salarial. Porque un graduado en historia del arte gana menos que un ingeniero aeronáutico.

Y los números, aquí, le dan la razón. Son tozudos y están publicados. En la última edición del U-Ranking, el informe que elaboran cada año la Fundación BBVA y el Ivie (el mismo tipo de fundación bancaria del que hablábamos), la titulación con la base de cotización media más alta cuatro años después de egresar es Medicina, con unos 41.839 euros al año; la más baja, Conservación y Restauración, con 21.980. Casi la mitad. Y ninguna rama de Artes y Humanidades supera la tasa de afiliación media [1]. El crítico coge esa tabla, la lee de arriba abajo y concluye lo que parece obvio: si ese saber vale tan poco ahí, vale poco.

Detente en ese salto, porque es todo el artículo. Se ha pasado de "no sirve a la empresa" a "no sirve" sin avisar, como si fueran la misma frase. Y no lo son. La primera es un dato de mercado. La segunda, un juicio sobre el valor de un saber. Para que la una implique la otra hace falta una premisa que el crítico jamás enuncia, porque enunciarla lo delataría, y es esta, que el valor de algo es su rentabilidad comercial. Es decir, exactamente la lógica que dice estar combatiendo. Ha denunciado que la universidad mide a las personas por su precio de mercado, y acto seguido mide los saberes por su precio de mercado. Es servir la misma cena con otro mantel.

Amueblar la mente, pero solo si es difícil

Hay además un supuesto escondido en toda la tabla que casi nadie mira. Se da por hecho que las carreras de arriba "colocan" y las de abajo no, pero eso solo se sostiene si aceptas que colocar es lo que las de arriba hacen. Y en muchos casos no lo es. Un físico rara vez acaba de físico, un matemático rara vez vive de demostrar teoremas, un ingeniero aeronáutico casi nunca diseña aviones. Acaban en consultoría, en banca, en un rol de datos o de producto que no tiene apenas relación con lo que estudiaron. Lo que estas carreras venden, y lo hacen con razón, no es un mapa directo a una profesión, sino que "amueblan la mente". Enseñan a pensar, a abstraer, a aguantar un problema difícil sin rendirse. Se defienden por lo que le hacen a la cabeza de quien las cursa, no por la casilla profesional a la que conducen.

Fíjate en que esa es, palabra por palabra, la defensa que hacen las humanidades de sí mismas. Y a ellas se les niega. Un graduado en filosofía tampoco acaba "de filósofo", y también sale con una cabeza entrenada para leer, argumentar y desconfiar de lo que le cuentan. La pregunta, entonces, es en base a qué se le concede a la ingeniería el crédito de amueblar la mente y a la historia no. Cuando rascas, la única diferencia que sobrevive es que la técnica se considera más dura. Y la dureza se ha colado como sustituto del valor, como si costar más significara valer más. Pero costar y valer tampoco son lo mismo, y ninguna ley dice que el sudor que exige un temario mida lo que ese temario le deja a quien lo estudia.

El crítico colonizado

Esto no es un descuido aislado. Es lo más interesante de todo el asunto, porque revela hasta qué punto la lógica que uno cree estar criticando puede estar instalada tan adentro que se vuelve invisible. El crítico está convencido de que piensa contra el mercado. Pero el mercado le ha colonizado el criterio de tal forma que, cuando tiene que valorar una vida o un conocimiento, no encuentra otra vara que la nómina. Pregunta, con razón, "¿la generación más preparada de la historia, preparada para qué?". Buena pregunta. Lástima que su única respuesta posible sea "para encontrar trabajo, mantenerlo y competir mejor que el de al lado". Ha reducido el "para qué" a un "por cuánto".

Medir es difícil de verdad

Y aquí conviene ser honesto, porque la trampa fácil sería responder con vaguedades luminosas sobre el florecimiento humano y la vida del espíritu. Medir el valor de una formación es difícil de verdad. El sueldo tiene una ventaja enorme sobre cualquier alternativa. Es un número, lo da el mercado y no hay que discutirlo. En cuanto lo sueltas, todo lo demás se vuelve resbaladizo. ¿Cómo mides lo que una carrera de filología le hace a la cabeza de alguien? No lo sabes medir, y por eso es tan cómodo concluir que no se puede medir, y de ahí que no vale. Pero "no sé ponerle precio" y "no vale" son cosas distintas, y confundirlas a propósito es precisamente el vicio que el crítico denunciaba en su primer párrafo.

La condición que nadie pronuncia

Hay además un detalle técnico que delata lo frágil que es incluso la regla salarial cuando se la mira de cerca. El mismo tipo de informe presume de que los universitarios ganan miles de euros más que el resto. Cierto. Pero esa frase esconde una condición que nadie pronuncia, y es que ganan más si trabajan, si encuentran empleo, si lo conservan. Toda esa aritmética triunfal cuelga de un "si" que el titular se guarda en el bolsillo.

El propio U-Ranking lo cifra sin querer. La tasa de paro de los universitarios jóvenes era del 12 % en 2024, y eso contando que venía de un 19,3 % en 2020; y un 22,4 % de los que sí trabajaban lo hacía en empleos por debajo de su cualificación [1]. O sea que uno de cada ocho no cobra la prima porque no tiene de dónde cobrarla, y uno de cada cinco de los que la cobran lo hace desde un puesto para el que sobra su título. La regla de medir por el sueldo no solo es estrecha. Es que ni siquiera mide lo que dice medir, porque da por supuesto lo único que estaba en cuestión.

El informe y su crítico comparten regla

Lo que me parece revelador, y es creo el verdadero tema, es que el informe y su crítico, que se presentan como adversarios, comparten regla. El informe ordena las carreras por lo que pagan. El crítico, indignado con el informe, ordena los saberes por lo que pagan. Uno lo celebra y el otro lo lamenta, pero los dos aceptan sin discutir que el mercado es el juez. La pelea es sobre el veredicto, nunca sobre la jurisdicción del tribunal. Y mientras la discusión se quede ahí, da igual quién gane. El mercado ya ha ganado antes de empezar, porque ha conseguido que las dos partes acepten que es él quien puntúa.

La pregunta que de verdad incomoda no es "¿preparada para qué?" en el sentido cínico de "preparada para fracasar". Es otra, y casi nadie la formula. ¿Con la regla de quién estamos midiendo? Porque el día que aceptas que el único saber que vale es el que coloca, ya no hace falta que nadie cierre las facultades de humanidades. Las cierras tú solo, con tus propios criterios, convencido de que estás defendiéndolas.


Referencias

[1] Fundación BBVA e Ivie (2025). U-Ranking 2025. Indicadores sintéticos de las universidades españolas (13.ª edición). Publicado el 7 de mayo de 2025. https://www.u-ranking.es/

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