Saltar al contenido principal
Volver al Blog
IA y Trabajo
3 de febrero de 2025
5 min
David, Yona y Alberto

Cómo la IA está cambiando nuestra forma de trabajar

No es solo una herramienta más. La IA está redefiniendo cómo pensamos, decidimos y creamos. Esto es lo que estamos viendo desde dentro.

La IA no es una herramienta como Excel o Photoshop. No es algo que aprendes una vez y ya lo dominas.

Es más bien como tener un compañero de trabajo que cada día sabe cosas distintas, a veces te sorprende, a veces te decepciona, y con el que tienes que aprender a comunicarte de forma distinta cada vez.

Después de meses trabajando con IA todos los días, estas son las cosas que más nos han cambiado la forma de trabajar.

1. El trabajo ya no se mide en horas, sino en decisiones

Antes, trabajar más horas significaba producir más. Ahora, con IA, puedes generar contenido, código, estrategias o análisis en minutos.

El cuello de botella ya no es hacer las cosas. Es decidir qué hacer.

¿Este texto que generó la IA refleja lo que quiero decir? ¿Este análisis tiene sentido o está alucinando? ¿Esta propuesta es buena o solo suena bien?

El trabajo se ha convertido en una cadena de micro-decisiones. Y si no eres consciente de eso, acabas produciendo mucho ruido con poco valor.

2. Escribir prompts es pensar mejor

Al principio pensábamos que escribir prompts era "darle instrucciones a la máquina". Pero con el tiempo te das cuenta de que escribir un buen prompt es, en realidad, clarificar tu propio pensamiento.

Cuando intentas pedirle algo a una IA y no sabes cómo expresarlo, muchas veces el problema no es la IA. Es que tú tampoco lo tienes claro.

Trabajar con IA te obliga a:

  • Definir bien lo que quieres.
  • Estructurar tu pensamiento.
  • Identificar qué información falta.
  • Ser explícito sobre el contexto.

Es como si la IA fuera un espejo de tu claridad mental. Si tú estás confuso, ella también.

3. La IA amplifica tus sesgos (y eso es un problema)

Uno de los mayores riesgos de trabajar con IA no es que "se equivoque". Es que confirma lo que ya pensabas, aunque estés equivocado.

Si le pides que analice un problema y tú ya tienes una idea preconcebida, la IA tiende a darte respuestas que encajan con esa idea. No porque te esté manipulando, sino porque así es como funciona: busca patrones, y tú eres parte del patrón.

Ejemplo real que nos pasó:

Estábamos analizando un caso de contratación con IA. Le pedimos que evaluara perfiles de candidatos. Resultados: sistemáticamente priorizaba hombres con experiencia en startups tech.

¿Por qué? Porque los datos de entrenamiento (y nuestros propios sesgos al definir "buen candidato") llevaban esa dirección.

La IA no crea sesgos nuevos. Los hace más visibles. Y más peligrosos si no los vigilas.

4. El "buen trabajo" ahora incluye saber qué NO automatizar

No todo lo que puede hacerse con IA, debería hacerse con IA.

Hay decisiones que necesitan contexto humano. Matices. Empatía. Intuición. Cosas que una IA no capta (o capta mal).

Hemos aprendido a preguntarnos antes de usar IA:

  • ¿Esto requiere juicio humano?
  • ¿Hay riesgo de que la IA amplifique un sesgo?
  • ¿Estoy usando IA porque es útil o porque es rápido?

Un ejemplo:

Podríamos usar IA para responder correos de clientes. Rápido, eficiente, escalable.

Pero algunos correos necesitan que alguien lea entre líneas. Que capte el tono. Que entienda que detrás de una pregunta hay una preocupación más grande.

Automatizar eso es perder la oportunidad de conectar de verdad.

5. La velocidad no es siempre una ventaja

La IA te permite trabajar rápido. Muy rápido.

Pero velocidad sin reflexión es ruido. Y el ruido no genera valor.

Hemos caído en la trampa más de una vez: generar 10 opciones de copy en segundos, sentirnos productivos, y después darnos cuenta de que ninguna era realmente buena.

Velocidad sin criterio = ilusión de progreso.

Ahora intentamos trabajar de otra forma:

  1. Usamos la IA para explorar opciones rápido.
  2. Paramos, pensamos, evaluamos.
  3. Refinamos. Iteramos. Decidimos.

La IA es una herramienta de exploración, no de decisión final.

6. Aprender se ha vuelto más rápido (y más difícil)

Con IA puedes aprender casi cualquier cosa en tiempo real. Pedirle que te explique un concepto, que te dé ejemplos, que lo adapte a tu nivel.

Suena genial. Y lo es. Pero también tiene un lado oscuro: te hace creer que entiendes algo cuando solo has leído una explicación.

Entender de verdad requiere tiempo. Práctica. Errores. Reflexión.

La IA puede acelerar el acceso a la información, pero no puede sustituir el proceso de aprender de verdad.

7. El trabajo en equipo cambia cuando uno del equipo es una IA

Trabajar con IA es raro porque:

  • No tiene ego.
  • No se cansa.
  • No se ofende si le dices que su respuesta es mala.
  • No aporta perspectivas nuevas (solo recombina las que ya conoce).

Es un compañero útil, pero no es un igual.

Y eso cambia la dinámica. A veces te hace más productivo. Otras veces te aísla. Te acostumbras a trabajar solo, con la IA, y pierdes la riqueza de contrastar ideas con otra persona de verdad.

8. La responsabilidad sigue siendo tuya

La IA puede generar el contenido, el código, el análisis. Pero la responsabilidad de lo que haces con eso es tuya.

Si publicas algo generado por IA sin revisarlo y tiene errores, es tu error. Si usas una IA para tomar una decisión y esa decisión es injusta, es tu responsabilidad. Si delegas en la IA sin criterio, estás renunciando a pensar.

Usar IA no te exime de ser responsable de tu trabajo.

Lo que hemos aprendido

Trabajar con IA no es más fácil. Es distinto.

Requiere un nuevo tipo de atención. Un nuevo tipo de criterio. Una nueva forma de pensar sobre qué significa "trabajar bien".

No se trata de ser más rápido. Se trata de ser más consciente.

De saber cuándo usar IA, cuándo no, y cómo vigilar que lo que produces tenga sentido, valor y ética.

Y sobre todo: de no olvidar que al final, las decisiones las tomas tú.