Saltar al contenido principal
Volver al Blog
Proceso
20 de febrero de 2025
6 min
David, Yona y Alberto

Aprender en público: lo que hemos descubierto probando cosas delante de la cámara

Grabar tus errores, dudas y procesos es incómodo. Pero también es una de las mejores formas de aprender de verdad. Esto es lo que nos ha enseñado.

Aprender en público es raro.

Significa encender una cámara y probar algo sin saber si va a funcionar. Significa dejar grabado el momento en el que te das cuenta de que te has equivocado. Significa admitir que no tienes todas las respuestas.

Y al principio, la verdad, da cosa.

Pero después de meses haciéndolo cada semana, hemos descubierto que aprender en público no solo cambia lo que aprendes, sino cómo lo aprendes.

1. No puedes fingir que sabes

Cuando aprendes en privado, puedes autoengañarte. Lees algo, te suena lógico, y asumes que lo has entendido.

Cuando aprendes en público, tienes que explicarlo. Y ahí es cuando te das cuenta de que en realidad no lo tenías tan claro.

Hay una diferencia enorme entre "creo que entiendo esto" y "puedo explicárselo a alguien más".

La cámara te obliga a esa segunda parte. Y es incómoda, pero te hace mejor.

2. Los errores se quedan (y eso es bueno)

En La Habitación Tortuga no editamos los errores. Si algo falla, se queda.

Al principio pensábamos que eso nos haría ver mal. Poco profesionales. Como si no supiéramos lo que hacemos.

Pero resultó ser al revés.

La gente conecta más con los errores que con los aciertos. Porque los errores son donde de verdad se aprende.

Cuando ves que alguien prueba algo, falla, lo repiensa y lo intenta de otra forma, estás viendo el proceso de aprendizaje real. No el resultado final pulido.

Y eso es más útil. Más honesto. Más humano.

3. Explicas para ti, no solo para otros

Uno de los descubrimientos más inesperados: explicar algo en voz alta te ayuda a ti mismo a entenderlo mejor.

Es como el rubber duck debugging que usan los programadores: explicas tu código en voz alta (a un patito de goma), y en el proceso te das cuenta de dónde está el error.

Con La Habitación Tortuga pasa igual. A veces empiezas a explicar algo y, a mitad de frase, te das cuenta de que tu lógica no tiene sentido.

O descubres una conexión que no habías visto antes.

O reformulas una idea que llevabas días dándole vueltas.

Explicar en público no es solo enseñar. Es pensar en voz alta.

4. La presión de la cámara te obliga a prepararte mejor

Cuando sabes que vas a grabar algo, no puedes llegar improvisando del todo.

Tienes que:

  • Pensar qué quieres probar.
  • Preparar el ejercicio o el caso.
  • Tener claro el contexto.
  • Anticipar qué puede fallar.

No es que tengas un guion cerrado (de hecho, no lo tenemos). Pero sí que tienes que estructurar tu pensamiento antes de empezar.

Y eso, en sí mismo, es parte del aprendizaje.

5. Recibes feedback que no esperabas

Cuando aprendes en privado, solo tienes tu propia perspectiva.

Cuando aprendes en público, otras personas reaccionan. Te hacen preguntas. Te señalan cosas que no habías considerado. Te dicen "eso que probaste también me pasó a mí".

El aprendizaje se vuelve bidireccional.

Y a veces, el mejor insight no viene de lo que tú descubriste, sino de lo que alguien más vio en lo que hiciste.

6. Te compromete a ser constante

Aprender en público genera expectativa. La gente espera el siguiente episodio. El siguiente experimento. La siguiente prueba.

Y eso te obliga a seguir.

No puedes dejarlo cuando te da pereza. No puedes abandonar cuando algo no sale bien.

La exposición pública crea un compromiso que el aprendizaje privado no tiene.

Y aunque a veces eso es presión, también es un motor. Te mantiene en movimiento.

7. Documentas tu evolución (y eso tiene valor)

Cuando empezamos La Habitación Tortuga, no sabíamos casi nada sobre ciertos temas. Probábamos prompts de forma caótica. No teníamos marcos mentales claros.

Ahora, meses después, podemos volver atrás y ver cómo pensábamos antes. Qué entendíamos mal. Qué hemos aprendido. Cómo ha cambiado nuestra forma de trabajar con IA.

Esa evolución está documentada. Y eso tiene un valor enorme, no solo para otros, sino para nosotros mismos.

Es un registro de aprendizaje en tiempo real.

8. Te hace más humilde

Cuando aprendes en privado, puedes construirte una imagen de que "ya lo dominas".

Cuando aprendes en público, te das cuenta de que siempre hay alguien que sabe más que tú. Siempre hay un ángulo que no viste. Siempre hay algo que se te escapó.

Y eso no es malo. Es realista.

Aprender en público te mantiene en modo aprendiz.

9. Lo que es obvio para ti, no lo es para otros (y viceversa)

A veces grabamos algo que nos parece súper básico, y alguien nos dice "nunca lo había visto así, me cambió la perspectiva".

Otras veces, probamos algo que nos parece complejo e interesante, y alguien nos dice "eso ya está resuelto, mira esta otra forma".

Lo que es obvio para ti no es obvio para todos. Y lo que tú no ves, para otros es evidente.

Aprender en público te expone a esa diversidad de perspectivas. Y eso te hace aprender más rápido.

10. No es para todo el mundo (y está bien)

Aprender en público no es cómodo. Requiere:

  • Exponerte cuando no sabes.
  • Dejar que otros vean tus errores.
  • Aceptar críticas (constructivas o no).
  • Ser constante incluso cuando no te apetece.

No todo el mundo quiere hacer eso. Y está bien.

Pero si lo haces, lo que ganas en aprendizaje compensa con creces la incomodidad inicial.

Lo que hemos aprendido aprendiendo en público

Tres cosas claras:

  1. Aprendes más rápido. Porque explicas, recibes feedback, te comprometes.
  2. Aprendes mejor. Porque no puedes autoengañarte, tienes que profundizar de verdad.
  3. Ayudas a otros. Porque tus errores y descubrimientos son útiles para alguien más.

Y la mejor parte: no necesitas ser experto para empezar.

De hecho, cuanto menos sepas al principio, más interesante es el proceso. Porque documenta el viaje completo, desde el "no tengo ni idea" hasta el "ya voy pillando cómo va esto".

Si estás pensando en aprender algo nuevo—IA, programación, diseño, lo que sea—considera hacerlo en público.

Enciende una cámara. Escribe un blog. Comparte tus pruebas en redes.

No tiene que ser perfecto. Tiene que ser real.

Y en esa honestidad es donde está el verdadero aprendizaje.